Arquitectura de defensa en México, 2050

¿Cuál es la arquitectura de defensa que necesita México para el 2050?

En las últimas semanas, tras el anuncio de la creación de la figura del Comandante del Ejército Mexicano, una serie de analistas y comentaristas -algunos serios, otros no tanto- se han dado a la tarea de abordar este significativo cambio desde diversas ópticas. Los hay quienes consideran estos movimientos como una simple reorganización interna, sin mayor impacto en el futuro de ese instituto armado; y los hay quienes argumentan que el Ejército se transforma en una fuerza militar rumbo al siglo XXI. 

La discusión siempre es mejor a la cerrazón, y considero que es sumamente importante que este tipo de cambios institucionales sean analizados a profundidad, de cara a los tiempos que vivimos pero sobretodo frente al futuro.

En un ensayo de mi autoría, comenté que la Comandancia del Ejército sí debe ser vista como una transformación importante en el estamento militar en México, sobretodo si se toma en cuenta que dicha institución es sumamente reacia al cambio. Sin embargo, también comenté que, en aras de enfrentar con mayor éxito los desafíos de defensa del siglo XXI, lo anunciado hace unas semanas es perfectamente insuficiente.

En este sentido, de poco sirve una reestructura al interior de una de las fuerzas cuando el conjunto de la arquitectura de defensa en México permanece inamovible. 

Mantener una estructura basada en dos secretarías de estado es, a todas luces, anacrónico y disfuncional. Entiendo que puede argumentarse que, desde un punto de vista histórico, dicha estructura ha funcionado bien. Pero es precisamente aquí donde el análisis no debe centrarse en las décadas previas, sino en el futuro. ¿Realmente es eficiente, para un país de 120 millones de habitantes y que aspira a estar en las 10 primeras economías del mundo para 2050, tener dos ministerios separados? En mi opinión, la respuesta es no.

Esta arquitectura bicéfala es contraria a cualquier experiencia internacional en la materia. Mantenerla así, considero, aleja la posibilidad de enfrentar desafíos de forma conjunta, con una doctrina estratégica compartida y, hay que decirlo, con las tres fuerzas armadas en el mismo nivel de importancia (actualmente, la Fuerza Aérea funciona más como un arma área del Ejército que como una verdadera fuerza independiente).

Benitez y Deare (2021) hacen un excelente trabajo al señalar que una de las consecuencias de esta estructura sui géneris es el desarrollo de doctrinas estratégicas y operacionales no sólo distintas, sino contrapuestas entre el Ejército y la Armada. Mientras que el primero mantiene una visión doctrinal profundamente enfocada en la estabilidad interna (entendible por nuestra historia nacional), los militares del mar han avanzado más hacia una perspectiva de cooperación internacional y de un modelo naval posmoderno.

Lo anterior es sumamente relevante, pues como señalan Mansoor y Murray (2019) la doctrina estratégica de una fuerza armada -que proviene, a su vez, de su cultura organizacional- impacta decididamente en las hipótesis de conflicto y el diseño de fuerza.

Es decir, si una fuerza armada posee una doctrina estratégica y operacional enfocada al mantenimiento de la seguridad global desde una perspectiva sistémica (como sucede con la Armada de México, por ejemplo), sus hipótesis de empleo estarán basadas en la cooperación internacional e inter-agencial. 

Si, por el contrario, una fuerza armada desarrolla una visión arraigada en una doctrina de seguridad interior, como sucede con el Ejército, el diseño de fuerza seguirá enfatizando el empleo de medios y capacidades en esa materia. Probablemente esto sea explicable desde un punto de vista histórico, pero es debatible de cara al futuro.

Desde mi perspectiva, y puedo estar equivocado, el escenario global va hacia una profundización de las diferencias entre un sistema de normas liberal (EE. UU., Europa) y otro de tipo más autoritario y revisionista, con centros de gravedad en China y Rusia. En ese conflicto que ya vivimos, y que parece crecerá aun más tras la pandemia, México se verá obligado a jugar un rol más activo dentro del sistema actual de cooperación internacional. 

Nos guste o no, eso significa que nuestras fuerzas armadas tendrán que ver más hacia afuera que hacia dentro, entendiéndose más como instrumentos de política exterior que de política interior. 

¿Mantener dos ministerios de defensa separados, con doctrinas divergentes, posicionará a México mejor para enfrentar este escenario inminente? No lo creo.

A lo anterior, habría que sumar la siempre postergada discusión de la ausencia de civiles en el estamento de defensa en México. Los hay cada vez más, sobretodo de la mano de académicos que han abierto brecha con paciencia y profesionalismo desde hace al menos 25 años. Pero aun falta mucho para contar con una burocracia civil especializada en defensa, estudios estratégicos y seguridad global.

El papel de instituciones educativas privadas, como la UDLAP-Jenkins, la Universidad Iberoamericana o el Tec de Monterrey, está siendo fundamental en formar se “cadre” especializado que tanta falta le hace a México.

Quizás en unos años, cuando el escenario político lo permita -o la urgencia nos alcance- estaremos en posibilidad de abordar otro de los grandes desafíos institucionales en materia de defensa en México: la llegada de un civil a un totalmente nuevo ministerio de defensa, donde la conducción político-estratégica esté separada de la operación militar; donde las tres fuerzas armadas cuenten con un comandante de fuerza al mismo nivel; y donde exista un verdadero estado mayor conjunto con titularidad rotativa.

El México del 2050 distará mucho del actual, y para eso se necesita de una arquitectura de defensa que, desde hoy, debe irse conformando de acuerdo con los escenarios políticos, económicos y de seguridad del mundo hacia mitad del siglo.

Aquí algunos datos que pudieran ayudar a vislumbrar esos escenarios:

  • En 2050, de acuerdo con estudios internacionales -que varían en criterio, pero no en sustancia- México sería la sexta economía mundial (PPP-2014).
  • Si bien China ya es la economía más grande del mundo en términos de paridad de poder de compra, se espera que antes de 2030 sobrepase a EEUU en términos reales. A mitad de siglo, será simple y llanamente la principal potencia mundial.
  • En 2049, de acuerdo con sus propios planes estratégicos, China tendría un poder militar “de clase mundial”. Es decir, podría estar en condiciones de igualar a EEUU en la materia, aunque a algunos les cueste creerlo. 
  • India se convertirá en la segunda economía del mundo (PPP-2014), rivalizando con China por el control del Océano Índico y, a menos que ambas naciones logren desarrollar mecanismos de cooperación e integración, su rivalidad podría devenir en mayor inestabilidad en Asia y conflictos proxy.
  • Para 2040 o incluso antes, se espera que el Polo Norte sea completamente navegable durante la totalidad del año. El impacto en el comercio marítimo mundial (que representa el 90% del mismo) será brutal. 
  • En 2050, la población mundial llegará a 11 mil millones de personas (de 7.7 mil millones actualmente). Mucho de este crecimiento se dará en ciudades costeras de países poco desarrollados, con instituciones económicas y de seguridad endebles. Parafraseando a Kilcullen, este cocktail será el caldo de cultivo perfecto para la consolidación de enclaves criminales (feral cities), migración forzada y conflictividad social.

Si a lo anterior sumamos el papel que tendrá la inteligencia artificial en la creación de valor tecnológico, las asimetrías entre países que invierten en R&D y aquellos que no lo hacen, serán cada vez mayores.

Me resulta difícil pensar que, ante estos escenarios tan complejos y demandantes, nuestro país opte por mantener una estructura de defensa con más 70 años de antigüedad.

No creo que sea prudente y, mucho menos, inteligente.

Si México desea insertarse en el futuro de manera asertiva, tendrá que modificar su modelo económico, sus instituciones democráticas y, dentro de ello, su arquitectura de defensa.

3 thoughts on “Arquitectura de defensa en México, 2050

  1. Me parece no solo interesante, sino excelente análisis de la situación actual y futura de las Fuerzas Armadas Mexicanas, sin duda es obligado que se unifiquen las 3 fuerzas armadas de tierra, mar y aire bajo una sola secretaria de estado y bajo el mando de un civil, lo digo siendo militar en el activo, pero reconociendo esta necesidad imperiosa, ciertamente existe un importante grupo al interior de la SDN y de la SEMAR que busca y esta generando el cambio, que son consientes de estas necesidades, pero a la vez noto en este proceso, el “freno” institucional de una lealtad mal entendida y peor aplicada…. también reconozco la necesidad de una mayor participación de civiles al interior de la fuerza militar, desafortunadamente son muy pocos los y las civiles que están laborando actualmente en lugares importantes del desarrollo militar mexicano, la mayoría en el área académica, pero también y desgraciadamente lo digo; muchos de ellos y ellas son oportunistas políticos y profesionales que aprovechan su posición o sus relaciones para sus intereses personales y/o para presumir su “contacto” con los militares llegando a rallar en lo prepotente y exagerado….. también creo, que no obstante la apertura de los últimos años de nuestro instituto armado, hace falta acercarnos mas al pueblo en todas las areas posibles y que la población nos conozca realmente….por ultimo; hay muchísimas areas de oportunidad que estan siendo desaprovechadas por el exceso de trabajo y responsabilidades que nos han asignado y que agobia al personal militar, que mas que cumplir bien, en muchos casos simplemente se trata de “sacar” sin crearse mas problemas o trabajo….

  2. Antes que nada, excelente artículo, estoy de acuerdo en la necesidad de integrar a las dos secretarías bajo una dirección civil, en una sola secretaria de defensa Nacional, y también estoy de acuerdo en la organización que deben tener el poder aéreo, el poder terrestre y el poder marítimo, en este último ya se logro integrar los componentes del poder marítimo en una sola institución, se daría lo mismo al integrarse en una sola secretaria?, o perdería la marina el control del poder marítimo y aclaró la Marina no la Armada, estoy de acuerdo en que hay que firmar cuadros de civiles convencidos para dirigir una entidad como esa y también estoy convencido, de que el que llegué tenga un Estado Mayor, acorde con la envergadura de la misión de este ente, pero hay que observar, el señor Muñoz Ledo en su reforma del Estado lo contemplaba, esperemos que se siga avanzando en un buen planeamiento para instituir una Secretaria de la Defensa bien estructurada y fortalecida con el conocimiento de su director o directora bien cimentado, que no exista la preponderancia de uno de los tres mandos y que la logística que aplique el secretario este de acuerdo a la determinación de necesidades de cada uno de los mandos, recordar que el aire cuesta, que la mar cuesta y que la fuerza terrestre también cuesta, pero hay grandes diferencias en este rubro que tendrán que ser bien evaluadas, pues la seguridad de un Estado es cara y tiene que ir de la mano con el desarrollo nacional y potenciada por el poder nacional.

  3. Me hubiera gustado que el autor hiciera referencia a la importancia que reviste en un caso como este “La teoría del control civil” (leer a Huntington y Eliot Cohen), que no necesariamente significa que un civil este a cargo del ministerio de defensa, porque eso ya existe con el presidente;, sino que significa lo siguiente:
    El instrumento militar por ser el de uso de la violencia junto con el instrumento económico son los 2 más importantes de los 7 instrumentos de poder nacional, y por ello debe estar en manos del pueblo (a través de la persona elegida para gobernarlos); sin embargo, para asegurar que esto nunca se rompa se deben fracturar sus tres componentes políticos (Rango militar, Fuerza Militar y Presupuesto militar), lo cual asegurará que el instrumento militar este siempre en manos del pueblo a través del presidente que el pueblo eligió, previniendo la posibilidad de golpe de estado o mal uso de este instrumento.
    Lo anterior se logra con lo siguiente:
    1. Quien tenga el puesto y presupuesto (secretario de defensa) NO debe tener rango militar ni control sobre la fuerza.
    2. Quienes tengan el rango militar y puesto estratégico (Junta de jefes de Estado Mayor) NO deben acceso directo a la tener fuerza militar y al presupuesto. De hecho estos son los asesores del secretario y el presidente, NO deben ser comandantes, solo jefes de estado Mayor. Es un error nombrar comandantes del ejército, de la armada y fe la fuerza aérea distintos al presidente. El comandante de cada fuerza armada es el presidente electo por el pueblo.
    3. Quien tenga la fuerza militar (Comandantes Regionales Conjuntos o Comandantes de Teatro), NO deben tener presupuesto ni cargo estratégico, sino operacional, deben ser de igual rango que los jefes de la junta de estado Mayor y, por consiguiente debe haber varios, a manera que la fuerza este fracturada. Y si uno se subleva habrá otros para someterlo.
    El secretario de defensa no necesariamente tiene que ser civil, puede ser un militar, como ha pasado 3 veces en los EE UU., pero la regla es que pase a retiro, que ya no tenga rango militar. En nuestro país que un general en activo sea Alto Mando o comandante, con la fuerza militar bajo su mando y a su vez tenga presupuesto, por la simple naturaleza humana, se convierte en automático en una amenaza para el propio presidente electo por el pueblo, para la democracia y para el propio pueblo.

    Regresando al tema. Las fuerzas armadas de un país de 1er mundo, en la actualidad son unificadas y conjuntas. La razón de esto es porque el escenario de batalla actual es multidominio dónde se explotan al mismo tiempo las capacidades de las fuerzas de tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio.
    No se trata solo de poner a todas las fuerzas armadas bajo control de un general o de un civil, se trata de generar una estructura dónde permanezca por encima de todo el “control civil” del presidente (como su papá) y el senado (como su mamá) sobre el poder militar, una para dirigirlos y el otro para supervisarlos.
    Lo anterior se puede creando un CONSEJO DE DEFENSA (presidente, secretarios de cada fuerza armada, secretario de relaciones exteriores y un asesor de seguridad nacional). Bajo de este, una JUNTA DE JEFES DE ESTADO MAYOR con Presidente de la junta, vicepresidente, y JEM de cada fuerza armada, todos del mismo rango Militar). Y finalmente 6 comandantes conjuntos de Teatro (2 a cargo de generales de ejército, 2 a cargo de almirantes de la armada y 2 a cargo de generales de la FAM). Que reporten directamente al consejo de defensa a través de la junta de jefes de Edo mayor y todos deben rotar cada 2 años.
    Saludos y se aceptan críticas

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