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Sobre este espacio

Este blog está dedicado al análisis y discusión de temas relacionados con la seguridad nacional y la defensa. El autor es fundador y Director de Inteligencia en Riskop, una firma mexicana de inteligencia estratégica y control de riesgos y Director del Institute for Strategy and Development Research, ISDR. Estudiante del programa MA Maritime Security por la Universidad de Coventry, Inglaterra (2020-2022). Politólogo por el ITESM Campus Monterrey y egresado del William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies (DPCT 2016). Investigador Externo del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México y conferencista en el Centro de Estudios Superiores Navales y el Colegio de Defensa Nacional.

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Hace un par de años, publiqué un breve análisis sobre la importancia del Ártico como espacio geopolítico en disputa. En aquel entonces, era ya evidente que el Polo Norte marcaría buena parte del devenir político y económico del siglo XXI, con profundas consecuencias para todos, pero especialmente para los países con salida al mar.

Recientemente, el Departamento de la Armada de EEUU (Department of the Navy), que depende del Ministerio de Defensa de aquel país, publicó el documento A Strategic Blueprint for the Arctic, donde se expresan dos grandes consideraciones con relación a esta región: 1. los Estados Unidos están muy por detrás de China y Rusia en cuanto a operaciones militares y de investigación en el Ártico, y 2. el proceso de deshielo incrementará enormemente la rivalidad entre potencias por el control marítimo del océano más pequeño del mundo. 

El documento, que se presenta a nivel de política (policy) y no de estrategia (pues evade definir objetivos específicos, procedimientos y medios, aunque da algunas ideas), es de suma relevancia pues ofrece un lineamiento general que habrá de ejecutarse ya en la administración del Presidente Biden.

El Ártico es un lugar que ofrece una paradoja geopolítica: por un lado, es sumamente pequeño y su relevancia histórica no se compara con el Pacífico, el Índico o el Atlántico. Sin embargo, esta supuesta irrelevancia es inversamente proporcional a su riqueza en recursos naturales: se estima que el 30% de las reservas de gas natural del mundo se encuentran ahí, 13% del petróleo aun no explotado y más de un trillón de USD en minerales raros.

Además de lo anterior, y probablemente de mayor relevancia, es el hecho de que el Océano Ártico estará abierto completamente a la navegación a más tardar en el 2040, lo que impactará de forma brutal el comercio marítimo global y, con ello, el acceso a mercados internacionales.

En pocas palabras, un océano de dimensiones muy pequeñas provocará un terremoto geopolítico pocas veces visto en la historia de la humanidad, quizás apenas comparable con el descubrimiento de América.

Y es aquí donde EEUU se está quedando muy detrás, como queda de manifiesto en el documento, frente al creciente poderío chino y una Rusia cada vez más asertiva.

Resumo aquí algunos de los puntos más relevantes de A Strategic Blueprint for the Arctic y de la región en general:

1. Si se toman en cuenta las demandas territoriales y marítimas de Rusia sobre el Ártico, ese país posee el 80% de la riqueza en petróleo, gas y minerales de la región. Para una nación tan dependiente de sus exportaciones de recursos energéticos, controlar el Polo Norte es una cuestión de supervivencia.

2. China buscará a toda costa asegurar el acceso al Ártico como una opción de ruta marítima alterna al Mar del Sur de China, actualmente su única salida hacia Asia y Europa por el mar, y que puede ser fácilmente bloqueada por una acción naval americana. Para Pekín, esta nueva ruta por el Ártico es algo más que una maniobra de expansión comercial, sino que es también una cuestión de seguridad nacional.

3. EEUU deberá ejecutar una estrategia en dos frentes principales: por un lado, desde una perspectiva de cooperación multilateral, buscará balancear el creciente poderío de Pekín y Moscú mediante políticas, protocolos y acuerdos con el apoyo de naciones como Canadá, Noruega, Suecia y Finlandia a través del Consejo del Ártico. Por el otro, y bajo una óptica ciertamente más realista, incrementará su presencia militar permanente en la zona (a través de nueva infraestructura, mayores patrullajes submarinos y aéreos, entre otras acciones). 

Pare que el punto 3 tenga viabilidad, la nueva Administración Biden deberá aterrizar una estrategia clara, directa y accionable. De lo contrario, se estaría cometiendo el mismo error que con la estrategia del Pivote Asiático de Obama: mucha teoría pero poca practicidad.

Si bien el documento no lo dice de forma abierta, queda claro que la carrera por el dominio del Ártico empezó hace al menos 10 años (en su forma más actual) y que EE. UU. va en tercer lugar.

Ya se verá si Biden y su equipo logran revertir esta tendencia.

PS. El futuro de México depende en gran medida de su posición dentro de la cadena de suministro global (el 90% del comercio mundial es marítimo). Por ello, la relevancia de sus puertos, particularmente aquellos en el Pacífico, es fundamental para incrementar su competitividad de cara al siglo XXI.

Sin embargo, la apertura total del Ártico podría reducir precisamente la relevancia de las vías marítimas de comunicación del Pacífico, relegando nuestros puertos a un lugar menos preponderante.

Más nos vale ir previendo esto. 

Foto: https://www.nasa.gov/images/content/275052main_seaicestill1_HI.jpg

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